Por Redacción Conecta Comunicaciones (*)
La frase que encabeza este artículo quizás retumba en nuestros cerebros en momentos en los que perdemos la paciencia. A muchos nos la repetían de niños y por eso la recordamos en la dinámica laboral diaria cuando nos toca atender a otras personas en medio de una situación estresante o cuando esperamos recibir la mejor atención de terceros.
El día a día en el mundo corporativo es un torbellino que a menudo nos consume y nos empuja al límite: un teléfono que no para de sonar, los mensajes en el correo que no disminuyen, nos interrumpen cuando estamos a punto de que aflore esa idea clave… En medio de este caos, surge una pregunta incómoda pero vital: ¿es correcto, o incluso profesional, trasladar nuestro estrés a las personas con las que interactuamos, ya sean proveedores esperando un pago o clientes buscando una solución?
La respuesta corta es no. Pero la respuesta empática es entender por qué sucede y cómo podemos evitarlo.
El rostro de la empresa
Cuando somos el punto de contacto con públicos externos, no somos solo “nosotros”, somos la voz y el rostro de la organización para la que trabajamos o de la que somos dueños. Si nuestra respuesta a un proveedor es cortante o si ignoramos la llamada de un cliente, no estamos reflejando nuestra carga de trabajo individual, sino una imagen de desorganización, falta de empatía y, crucialmente, una desconexión con los valores corporativos que la empresa tanto se esfuerza en promocionar.
Una empresa puede tener los mejores valores, pero si sus guardianes de la puerta externa son poco empáticos, esos valores se desmoronan en segundos. La percepción externa se convierte en la realidad de la marca.
Recomendaciones para mantener la calma y la cortesía
Entendiendo que la presión es real, aquí hay pequeñas acciones que marcan una gran diferencia:
1. Al responder un correo:
- El acuse de recibo vale oro: Si no puedes dar una respuesta completa, un simple “Recibido, estoy revisando y te doy una respuesta más detallada para tal fecha” gestiona expectativas y calma la ansiedad del otro.
- Tono y claridad: Un saludo cordial y una despedida profesional no quitan tiempo y humanizan la transacción. Evita las mayúsculas (que equivalen a gritar) y el tono imperativo.
2. Al responder una llamada:
- La pausa antes de contestar: Tómate un segundo, respira profundo y levanta el teléfono. La persona al otro lado no tiene la culpa de tu reunión anterior.
- Escucha activa: No interrumpas. Deja que expongan su punto. A veces, las personas solo necesitan ser escuchadas antes de buscar una solución.
La cortesía corporativa no es un lujo para cuando tenemos tiempo; es la base de relaciones comerciales sostenibles y el reflejo de una cultura organizacional saludable, es una forma en la que se comunican las personas que forman parte de una organización. El estrés es inevitable, pero cómo elegimos proyectarlo es una decisión profesional que define no solo nuestra imagen, sino la de la empresa que representamos. ¿Qué imagen quieres proyectar? ¿Cómo quieres que te traten en el mundo corporativo?
(*) Este artículo fue redactado con la asistencia de Inteligencia Artificial para la estructura y el borrador inicial, y editado por Conecta Comunicaciones para garantizar precisión y tono.